LUIS MÉNDEZ QUEZADA

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   Luis Alberto Méndez Quezada: profesor de castellano; nació en Linares, Chile, el 8 de Octubre de 1957. El año 2005 obtuvo en España el Primer Premio Especial Tiflos de Poesía, por su poemario titulado "El trovador". Sus trabajos han sido difundidos en ediciones artesanales y sitios de Internet. Cree que no se han agotado las ideas y los temas en el arte. Que los nuevos paradigmas que están inundando las ciencias sociales, deberán inundar también el arte y la cultura.

La vida es una aventura

 

¡Qué entretenido!

En estos tiempos la vida se ha transformado en una aventura.

Ya no tenemos caminos seguros,

resultados previstos,

leyes inmutables...

¡Ahora todo es una incertidumbre!

Así evolucionamos,

así evoluciona el ser humano.

Y en estos tiempos de aventura,

sólo el valiente disfruta de lo que va haciendo...

 

 

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El poeta Luis Méndez Quezada recibiendo diploma

¿Cómo será?

 

Porque siempre cometemos el error,

desde hoy el error será considerado como acierto.

Y aunque caminamos por la vida programados,

estamos transformando el mundo

como una flecha que avanza sin saber dónde.

 

Tengo miedo de seguir cometiendo errores,

tengo miedo de no ser aceptado.

Miedo de que mis ideales no sean validados por quien amo:

miedo de que ella no me crea.

 

Así sigo caminando con mi bastón por la vida,

a veces alegre, a veces triste,

pero siempre creyendo que voy hacia ti.

Por el camino hago otras cosas

como Ulises rumbo a Ítaca,

sin embargo nunca pierdo de vista lo importante:

el final de mi camino quiero que seas tú.

 

Y ese final será un inicio de nuevos caminos

ahora juntos.

¿Cómo será cuando viajemos tomados de la mano?

El trovador

 

El trovador que toca el acordeón en la esquina de Alameda con Bandera,

es un sucesor de Homero: sí.

Ayer lo vi, sin autoestima, tocando su instrumento

 con un tarrito al lado donde la gente echaba sus limosnas.

¡Pero nadie se detenía a escucharlo!

El Trovador que toca el acordeón en la esquina de Alameda con Bandera:

¿es un sucesor  de Homero?

¿O de los grandes juglares españoles? ¿De Pedro Salinas?

Pero: ¿por qué no tiene autoestima? ¿Por qué?

Homero la tenía.

Los aedas griegos también: Tiresias, Demódoco.

¿Cuándo perdieron la autoestima?

 ¿Fue de golpe, o fue poco a poco?

El trovador que he visto ayer en la Alameda no espera que lo escuchen;

se avergüenza de lo que hace y de lo que es.

No produce. No transforma la naturaleza. No contamina. No trabaja.

Espera lástima para sobrevivir.

El antiguo rapsoda sí producía: sí.

Producía placer, adivinaba el futuro.

Era consultado por reyes y héroes.

Era respetado y se autorrespetaba.

Pero ambos, el antiguo y el actual, son muy similares por fuera:

tocan un instrumento musical y cantan en las calles.

No ven, pero tienen luz interior.

Entonces: ¿cuál es la diferencia?

¿El mundo en que viven?

Ayer lo vi, tocando su instrumento, en la esquina de Alameda con Bandera:

¡y quise ser como él y como Homero al mismo tiempo!

Quise poder escribir nuestra propia odisea,

 escribir nuestra larga odisea actual.

Tal vez no puedo llegar al final como quisiera,

porque  necesito que alguien como tú me ayude.

¡Mujer: ayúdame...!

Ruidos cotidianos

 

Yo tengo ruidos cotidianos cuando me siento más espiritual.

Ruidos que me hacen aterrizar,

que me impulsan a ser como la sociedad quiere que sea.

No como yo soy, no como quiero ser:

que la madre sobreprotectora,

 que hay que ganarse la vida,

que hay que tener pareja formal,

que hay que ser fuerte y dominador.

Yo tengo ruidos cotidianos cuando me creo mas espiritual:

cuando me creo bueno, cuando me creo poeta, cuando me creo bello,

cuando amo, cuando llego a las alturas.

Yo tengo ruidos cotidianos que me hacen aterrizar.

A veces, no asumimos nuestros ruidos;

y construimos una realidad artificial que se vendrá abajo ante las dificultades.

Mejor cambiemos; pero asumiendo nuestros ruidos.

¿Qué cultura es ésta: la de no aceptarse?

Yo tengo ruidos cotidianos que me hacen aterrizar;

y con ellos, sigo, seguimos siendo bellos en la cotidianidad.

Yo tengo tantos ruidos en la cotidianidad

y a pesar de ellos, lucho.

Tenemos y hemos tenido tantos ruidos en la cotidianidad,

pero, a pesar de ellos, luchemos por un mundo mejor.